Entrevista a Jorge Montealegre, por su libro “Coré, el tesoro que creíamos perdido”

Ayer, 9 de marzo de 2013, se cumplieron 100 años desde el nacimiento de unos los más influyentes ilustradores chilenos: Mario Silva Ossa, conocido popularmente por su nombre artístico, Coré. Las ilustraciones de El Silabario, las numerosas portadas de El Peneca, y varios libros ilustrados, se cuentan entre la obra del artista, fallecido en 1950. En honor a su centenario, el periodista e investigador de la historieta chilena, Jorge Montealegre, publicó el libro “Coré, el tesoro que creíamos perdido”, y tuve la oportunidad de entrevistarlo y escribir este artículo, publicado hoy en el suplemento Artes y Letras del diario El Mercurio. El lanzamiento del libro es el próximo 21 de marzo, a las 12 horas, en el Salón de Honor de la Universidad de Santiago de Chile (Metro Estación Central). A continuación les dejo la entrevista, en la que Montealegre, además, hace un positivo balance de la ilustración en Chile hoy.

El Mercurio, Artes y Letras. Domingo 10 de Marzo 2013. Coré (clic para ampliar)

El Mercurio, Artes y Letras. Domingo 10 de Marzo 2013. Coré (clic para ampliar)

“CORÉ, EL TESORO QUE CREÍAMOS PERDIDO” Entrevista a Jorge Montealegre, su autor:

DEVELANDO LOS MISTERIOS DE CORÉ

En honor al centenario de su nacimiento, la última publicación del periodista y escritor Jorge Montealegre recorre la trayectoria del emblemático ilustrador de El Peneca, y descubre los elementos más desconocidos de su obra. Montealegre, además, opina sobre el positivo momento que vive hoy la ilustración en Chile.  

Carlos Andueza

A fines de 1993, el periodista, escritor y poeta, Jorge Montealegre, revisó todas las revistas El Peneca archivadas en las bodegas de la Biblioteca Nacional. Instalado en una silla, pasó horas observando las ilustraciones hechas por Mario Silva Ossa, mejor conocido como Coré, y quedó asombrado. No sólo descubrió a un gran dibujante, sino un fantástico nuevo mundo, lleno de color, misterio y singulares personajes.

Pero descubrir a Coré desde el asombro es muy distinto a volver a él desde la nostalgia. Montealegre reparó en su obra ya de adulto, cuando conocerlo se había vuelto una necesidad para él, que además se dedicaba a investigar el humor gráfico chileno. En sus conversaciones con emblemáticos dibujantes, como José Palomo, Eduardo de la Barra, Hervi o Themo Lobos, el nombre de Coré emergía recurrentemente. El ilustrador había fallecido en 1950, a los 37 años, pero pese a su corta trayectoria, Montealegre se dio cuenta que el trabajo de Coré había influenciado a muchos humoristas gráficos, historietistas e incluso poetas. Varios de estos últimos, pertenecientes a la generación de los años 50, como Enrique Lihn, Jorge Teillier, Alfonso Calderón y Armando Uribe, habían escrito sobre el dibujante de San Fernando. Ellos, de acuerdo a los cálculos que luego sacó Montealegre, fueron niños que aprendieron a leer con El Peneca y que crecieron observando las imágenes creadas por Coré. Montealegre conversó también con ellos, y aunque él no consideraba a Coré como un humorista gráfico, la nostalgia de los poetas y de los dibujantes que lo recordaban terminó por convencerlo: debía explorar su fantástico mundo. Y entró a él a través de El Peneca.

La revisión de la emblemática revista chilena fue parte de la investigación que Jorge Montealegre llevó a cabo para la exposición “Coré, el tesoro que creíamos perdido”, que fue exhibida en la Biblioteca Nacional durante el verano de 1994. Se mostraron libros, revistas y obras originales de Coré, gracias al trabajo en equipo de la familia y amigos del ilustrador, coleccionistas privados y la Dibam. “En ese momento, me empapé de nostalgias ajenas y terminé aislando a Coré de su contexto histórico. La exposición mostraba a un Coré inmerso en su mundo mágico. Si hasta su casa, construida por él mismo, ¡parecía de cuento!”, asegura Montealegre. La exposición, que no tuvo catálogo, terminó con la devolución y dispersión de los objetos.

Ahora, veinte años después, Jorge Montealegre publica “Coré, el tesoro que creíamos perdido” (Ediciones Asterión), un libro que reúne el material exhibido en la Biblioteca Nacional, incluyendo los elementos más desconocidos del ilustrador, como sus caricaturas políticas o los versos ilustrados que realizó de adolescente.

El texto conmemora los cien años desde el nacimiento del ilustrador, fechado el 9 de marzo de 1913. Es un recorrido por la trayectoria artística de Coré, comenzando en su infancia, centrándose en los años en los que trabajó en El Peneca, bajo la dirección de su tía Elvira Santa Cruz, alias Roxane, y describiendo la industria editorial chilena a principios del siglo XX. El libro expone también un sinnúmero de ilustraciones que Coré realizó para distintos libros y revistas, como Wikén, El Silabario, y por supuesto, El Peneca.

Perteneciente a la colección La Castaña de Ediciones Asterión, es la cuarta publicación de Jorge Montealegre en esa serie después de “Von Pilsener, primer personaje de la historieta chilena” (1993), “Apariciones y desapariciones de Luis Jiménez” (2011), y “Nato, la sonrisa imborrable” (2012). Su lanzamiento se realizará el próximo 21 de marzo, a las 12:00 horas, en el Salón de Honor de la Universidad de Santiago.

Montealegre afirma que “la gran diferencia entre la exposición del 94 y este libro, que era una deuda que debía pagar en algún momento, es que en el texto Coré es un personaje que está contextualizado”.

-¿Qué elementos de la obra de Coré usted creyó necesario destacar en este libro?

“La selección de las ilustraciones la hice con la ayuda del diseñador gráfico Hernán Venegas, e intentamos reflejar una atmósfera, la atmósfera de misterio que empapaba la obra de Coré. Los baúles cerrados se repiten mucho. Las puertas y las miradas de soslayo de sus personajes. Me fije en eso: en todo lo que sugería que había algo más y que dependía de cada lector imaginar qué había allí. También en los adornos de metal que incluía en sus dibujos. Hay muchos elementos metálicos, de cerrajería y carpintería, que dan la impresión de que él sabía forjarlos con sus propias manos. Por otro lado, también me fijé en la modalidad del dibujo. Muchas veces utilizaba una técnica imitando otra, como en las ilustraciones del libro “Lautaro, joven libertador de Arauco”, de Fernando Alegría, que dan la impresión de ser xilografías. Es muy interesante, porque son juegos que él hacía, sobre todo pensando en las técnicas de impresión de la época en que trabajó”.

-En el libro se hace hincapié en uno de los aspectos más desconocidos de Coré: sus caricaturas políticas.

“Sí, y me llamó la atención porque su imagen es la de una persona apolítica. En general, a los ilustradores y las personas que se dedican a escribir o a dibujar para niños se les infantiliza, lo que es ridículo. La biografía de Coré también está infantilizada, aunque él mismo también ayudaba a eso, con su casa como de cuento, que lo hacía parecer un personaje que vivía en una burbuja. Esa era la imagen con la que yo me encontré cuando empecé a investigarlo. Pero antes de El Peneca, él dibujó en una revista que se llamaba Wikén, una revista política, una especie de Topaze. En Wikén le correspondió hacer ilustraciones de distinto tipo, pero también varias políticas, y principalmente antiimperialistas. Sus dibujos políticos más claros son sátiras del Tío Sam. Incluso hay una en la que el Tío Sam está acogotando al cóndor chileno. Entonces cuando me enteré que él, en 1941, no aceptó la invitación de Walt Disney de ir a trabajar a EE.UU. pudo haber sido porque Coré prefería la tranquilidad de su taller, pero también pudo haber sido una decisión política. Además, curiosamente, Coré habla de sus personajes como una clase, las clases imaginarias, en una época en que se habla de la lucha de clases”.

-¿Cómo surge su interés por la historieta chilena, y por especializarse en registrarla?

“Desde niño fui un gran lector de historietas. Más tarde, en los 80, con Hernán Venegas teníamos una revista que se llamaba La Castaña, en la que empecé a trabajar como guionista de tiras cómicas. Así fue como me convertí en colega, o semicolega, de los dibujantes. Y me fui dando cuenta que ellos tienen muchas historias, pero que no las iban a escribir, porque su lenguaje es gráfico y en general son quitados de bulla, pero que son historias que merecen ser investigadas y contadas. Además, me gustan mucho los libros de crónicas, o de historia, entonces empecé a revisar qué había hacia atrás. Me encontré con el libro de Ricardo Donoso “La sátira política en Chile”, que es magnífico para empezar cualquier investigación sobre el tema. Y el de Luisa Ulibarri, “Caricaturas de ayer y hoy”, que publicó por editorial Quimantú. El primero es de los años 50, el segundo de los 70, y prácticamente no había más bibliografía del tema. Así que tuve que ponerme a investigar”.

-¿Cómo ve usted la ilustración hoy en día?

“Siempre hay talentos prodigiosos. Y hay condiciones que facilitan eso, o no. Hoy, hay editores que se están atreviendo a publicar más libros de ilustración; hay subsidios estatales que permiten su producción, y más escuelas que enseñan ilustración. También existe la tecnología para hacerlo con menos esfuerzo y menos costo que antes. La situación actual es muy positiva, en comparación a antaño. Por otro lado, en el mercado editorial se ha abierto una nueva oportunidad con la novela gráfica, que ha ganado autonomía. No es un libro ilustrado, como los que hacía Coré, ni tampoco es un cómic tradicional, sino que tiene sus propias leyes. Su propia lógica literaria y estética”.

-Usted habla de actuales talentos prodigiosos. Si se lo propusiera, ¿de qué ilustrador actual haría un libro como el de Coré?

“Hay dibujantes actuales que tienen mucha experiencia, y que también eran actuales en los 60, entonces habría que hacer la distinción. Como José Palomo, por ejemplo, o Hervi o Eduardo de la Barra. Me gustan mucho Alberto Montt, Francisco Javier Olea y Marcela Trujillo. También Christiano y Asterisco tienen una gran chispa política. Pero es difícil nombrar sólo a algunos, porque ahora son muchos. Aunque esta misma dificultad evidencia que este es un muy buen momento para la ilustración chilena”.

Anuncios

Pablo Balzo nos recuerda que se puede ilustrar con lo que sea

Uno de mis libros favoritos del 2012. Fue un gran descubrimiento, porque permitió que ampliara mi percepción de lo que es la ilustración. El libro “No sé lo que cuento, pero sé cómo lo cuento” del ilustrador, diseñador gráfico y fotógrafo chileno Pablo Balzo nos recuerda a todos que no es necesario dibujar para poder ilustrar y que, de hecho, se puede hacer con casi cualquier cosa que se tenga a mano. Su blog (desde donde recopiló todas la imágenes de este libro) es genial. Si tienes la oportunidad de conseguir este libro, hazlo, porque vale la pena.

El Mercurio, Cultura. Jueves 3 enero 2013

El Mercurio, Cultura. Jueves 3 de enero de 2013 (clic para aumentar)

En el libro “No sé lo que cuento, pero sé cómo lo cuento”:
Ilustraciones extraordinarias grafican lo cotidiano

El diseñador gráfico, fotógrafo e ilustrador Pablo Balzo mezcló disciplinas y publicó en papel una selección de lo que subió a su blog.

Carlos Andueza 

Ilustrar no es sólo dibujar. Así lo demuestra el diseñador gráfico Pablo Balzo con su libro “No sé lo que cuento, pero sé cómo lo cuento”. La obra, coeditada por el mismo Balzo y por Plop! Galería, recoge las ilustraciones que el artista fue subiendo, desde marzo de 2011, a su blog http://www.noseloquecuento.com.

Son, en esencia, fotografías de objetos cotidianos, como llaves, candados, cajas de fósforos, e incluso verduras en escabeche. O de pequeñas esculturas hechas con madera, papel o alambre. Pero todas están acompañadas de un texto (cita, refrán, proverbio, etc.) que las transforma en algo más y las ayudan a graficar un aspecto cotidiano de la realidad.

Balzo las define como ilustraciones. “En el inconsciente colectivo la ilustración es un dibujo con lápices, al menos eso es lo que la mayoría de las personas imaginan con el término, pero a mi parecer la ilustración hace mucho tiempo que dejó de ser sólo eso”.

La inspiración proviene de todos lados, asegura Balzo, “de lo que veo, leo o escucho”, y por eso las temáticas que se retratan en el libro son tan diversas. La bulimia, por ejemplo, con una cuchara perforada; el narcisismo con un yo-yo; el cuerpo de Cristo con una corona de espinas y una marraqueta.

“Es mi manera de expresarme”, afirma el diseñador y fotógrafo. “Soy una persona muy crítica, pero soy malísimo escribiendo, por lo que el lenguaje visual es el que más me acomoda para manifestar mis inquietudes”.

Balzo admite una gran influencia de la obra del artista francés Marcel Duchamp, pero también de la “actual escena española”: del fotógrafo Chema Madoz, y de los diseñadores gráficos e ilustradores Pep Carrió e Isidro Ferrer, entre otros.

Actualmente, Pablo Balzo trabaja en lo que será su primer libro de cuentos infantiles ilustrados. “Me ha costado, ya que lo mío son las imágenes y no los textos, y esta sería la primera vez que escribo, pero avanza bien”, asegura. En tanto, la secuela de “No sé lo que cuento, pero sé cómo lo cuento” ya está terminada y próxima a ser publicada.

>> El libro está en Plop! Galería, Librería Takk, Tesauro y Catalonia.>>

Nato, el niño que cumplió su sueño de ser dibujante

“Nato, la sonrisa imborrable” es un libro maravilloso. No solo es un recorrido visual por la obra de Renato Andrade, gran dibujante chileno fallecido en 2006, sino que también es una fuente de inspiración para todos quienes estamos interesados en la ilustración, la creación de personajes y la narrativa gráfica en general. Lean con confianza.

El Mercurio, Cultura. Martes 30 de octubre de 2012. (Clic para ampliar)

Nato, el dibujante que le puso cara a El Peneca

Su hija, la escritora Claudia Andrade , y el periodista e investigador de humor gráfico, Jorge Montealegre, reúnen sus memorias en “Nato. La sonrisa imborrable”.  

Carlos Andueza

Como muchos otros niños de los años 30, el pequeño Renato quiso enviar sus dibujos a la revista “El Peneca”. La publicación de esos dibujos fue uno de los grandes incentivos para que Renato Andrade Alarcón, más conocido como Nato, se dedicara, veinte años después, a las historietas. Entró a trabajar a esa revista a inicios de los 50, realizando viñetas, ilustrando portadas, e incluso creando a Peneca, el personaje que representaría a la publicación. Todo un sueño cumplido.

La anécdota es una de las tantas que se cuentan del dibujante chileno en “Nato. La sonrisa imborrable” (Ediciones Asterion, 2012), libro que también incluye borradores originales, bocetos inéditos y la historia detrás de un sinnúmero de personajes, como Insolencio, Erróneo, Falabelito, Pocas Pecas, Toribio, el náufrago, y muchos más.

La publicación hace un repaso por la infancia de Nato, así como su posterior trabajo en revistas infantiles, picarescas y de humor gráfico deportivo.

Los responsables de llevar a cabo la investigación y recopilación de su obra fueron la escritora Claudia Andrade, hija de Nato, y el periodista e investigador de humor gráfico chileno Jorge Montealegre.

“El libro es una biografía. Es la historia de un niño que llega a Santiago desde el campo, y que cuida a sus sobrinos pequeños, mientras estudia dibujo por correspondencia. Es la historia de una vida sencilla”, dice Montealegre.

“Nato. La sonrisa imborrable” fue financiado por el Fondo del Libro, y despliega el rico patrimonio creativo del historietista oriundo de San Javier de Loncomilla, reuniendo sus trabajos para distintas publicaciones nacionales, como “Barrabases”, “El Peneca”, “Simbad”, “Estadio”, “El Pingüino”, entre otras.

Según Montealegre, el hilo conductor que une toda su obra es “la sencillez que lo caracterizaba y que se transmitía en sus personajes. Su humor blanco respondía a que siempre pensaba en los niños primero, ofreciendo entretención sana para todo público”.